Domingo 28 de Mayo 2017 en San Juan, Argentina - Edición N° 2060

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OPINI

(Escribe monseñor Lozano): Simplemente Noche Buena

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo coadjutor de San Juan de Cuyo y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

(Escribe monseñor Lozano): Simplemente Noche Buena
Los cristianos celebramos una fiesta muy importante y también sorprendente. Es un misterio muy grande, y difícil de comprender para quienes tienen otras tradiciones religiosas. Dios se hace hombre, asume la condición humana en todo, "Él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado”, dirá la Carta a los Hebreos (Hb 4, 15).

Es un "misterio” no en el sentido de algo oscuro y que permanece oculto, sino que nos ha sido revelado por la Palabra de Dios. El comienzo del Evangelio de San Juan lo dice de manera muy bella: "Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios” (Jn 1, 1). Y vino a nosotros, a compartir nuestra vida: "La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14).

El Concilio Vaticano II en la Constitución Pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual, nos enseña que "el Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado" (Gaudium et spes, 22). Por eso afirmamos que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.

A este acontecimiento de la navidad debemos acercarnos despacio y con humildad. La Basílica de la Natividad está construida en la ciudad de Belén. Su puerta de acceso es pequeña, tanto que es necesario bajar la cabeza e inclinarse un poco para entrar. Esta postura necesaria para el cuerpo debe también serlo del alma. Hay que hacerse pequeño para acceder al misterio de la encarnación.

Contemplemos el Pesebre. "Todo es silencio y serenidad” en la "Noche anunciada” por los profetas y esperada durante siglos. Las miradas sorprendidas de los pastores, el amor de María y José, los animales en paz, y todo el cosmos en serena armonía. En la Noche más Buena de la historia en el centro hay una luz que no enceguece, una luz que ilumina a todos sin lastimar a nadie. Es un niño que "cuando sonríe se hace la luz”.

Contemplando al Niño en el centro del Universo le rezamos como en algunas misas: "Tú, que siendo grande, te hiciste pequeño; Tú, que siendo fuerte, te hiciste débil; Tú, que siendo rico, te hiciste pobre”.

Sabemos que Dios es todopoderoso y creador de todo el Universo. Ese mismo Dios no quiere que le tengamos miedo, y por eso se hace frágil como un niño pequeño para ganar nuestro corazón, no por el temor sino por su ternura.

Los ángeles anunciaron a los Pastores "una buena noticia, una gran alegría para todo el Pueblo: Hoy les ha nacido un Salvador” (Lc 2, 10-11). Este Evangelio es proclamado hoy en todo el mundo, en la Iglesia de Roma, en Jerusalén, en Belén, en Asia, América… En los Templos grandes y en los pequeños, en las cárceles y en los hospitales, en lugares de paz y en los que sufren la guerra. Resuena para niños, jóvenes, adultos y ancianos. Para santos y pecadores. Para vos, para mí, para nosotros. "Una gran alegría.”

En estas fechas a veces nos invade la tristeza por los que murieron en este año, o por enemistades familiares que nos amargan. Son heridas abiertas que el Niño quiere consolar y sanar.

Esta será mi primera Noche Buena en San Juan. Quiero llegar a cada familia, cada hogar, para decir "Dios es ternura y viene a tu corazón”. Animate a dejarle entrar.

El domingo pasado Francisco proclamaba: "Dios ama a los pequeños despreciados por el mundo”. En ellos se manifiesta, se hace presente la Navidad.
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