Lunes 24 de Abril 2017 en San Juan, Argentina - Edición N° 2025

Encuentre su noticia en Ediciones Anteriores

Editorial

La estampida que dejará una huella profunda

La mudanza de Tribunales será una movida con fuerte impacto demográfico, inmobiliario, social, ¿también judicial? La historia de un fracaso, el edificio 9 de Julio. Por Sebastián Saharrea.

Hubo un tiempo en que la fantasía llevó a algún cortista a lanzar la idea de un puente peatonal sobre la avenida Central para conectar lo que hasta ahora es Tribunales con lo que sería su anexo de lujo, el desocupado 9 de Julio.

Podía mirarse a simple vista que no sólo esas ilusiones parecían más propias de Disneylandia que al terreno real de los hechos en San Juan, sino que además el edificio pensado para ser reacondicionado con los despachos judiciales que hacen falta disponía de un único beneficio: el estar justo enfrente, habilitando por ese motivos la ensoñada idea de un puente.

A todo lo demás lo tenía en contra: una estructura semicolapsada, una disposición poco funcional, un derrumbe generalizado que demandaba una inversión gigante para ponerla a disposición. Todo al revés, se caída de maduro que resultaría un quijotada sin sentido.

Hasta que llegó la hora de sincerarse, lo que ocurrió ahora. Quedó atrás un largo y manoseado capítulo protagonizado por la Corte en pleno sobre los vaivenes de una década por la reactivación del edificio vecino, incluyendo ahorros de recursos, planes, planos, marcha y contramarchas, para quedar 10 años después en el mismo lugar.

Atrás quedó también la más cruda evidencia de que el tránsito de todas las dependencias que habitaron el 9 de Julio y pasaron al Centro Cívico fue al menos apresurado y poco planificado. Dejó de un lado la elogiada funcionalidad y limpieza del nuevo edificio, y del otro la mugre y el abandono de un complejo ubicado en el corazón de la ciudad, sin planes inmediatos ni posibles. Aún hasta hoy.

Para adelante quedan ahora nuevos capítulos de una ruta que amenaza con dejar gruesas cicatrices en la configuración actual de la ciudad. Para comprenderlo con contundencia alcanza con señalar que la zona de Tribunales es una urbanización propia con estructuras que satelitan alrededor del edificio, proveyendo servicios a los miles de trabajadores de alto poder adquisitivo que se despliegan en el área. Y que ya no estará más.

Un caso para ilustrarlo con puntería es el de un conocido café ubicado frente a Tribunales que se mudó unos metros al costado para destinar ese edificio a una cochera gigante, obviamente apuntada a recibir el gran tránsito de autos y personas por la zona todos los días por las mañanas. 

Estará rezando ese emprendedor a que surjan nuevas actividades en su reemplazo. Difícil preverlo aunque queda al descubierto la dificultad de que surja algo similar a lo que hoy es la zona. Hay que ver cómo se apaga la actividad por las tardes, cuando Tribunales hace de cuenta que trabaja pero no trabaja, o en la feria judicial.

Están alrededor casi todos los estudios jurídicos de San Juan, atraídos por la sede más importante de la justicia, no la única. Se la pasan caminando de una sede a otra, los laborales, las cámaras o las fiscalías que están próximas y ya tampoco estarán allí.

Su preocupación será cómo resguardar sus activos, las oficinas que muchos de ellos compraron a precio de cercanía de Tribunales y ahora deberán vender o alquilar –o hasta conservar- a precios que no incluyen ese factor. Muchos hay que ya están buscando terrenos en los alrededores de la Ex Cavic, donde estará la nueva ciudad judicial. Se sabe: los primeros tendrán ventaja, aunque habrá que ver en qué dimensión.

Recuerda el caso a lo que fue la mega mudanza al Centro Cívico. No quedó claro si los que se apuraron a construir edificios o adquirir terrenos para el área de servicios –cocheras, cafés, etc.- hicieron tan buen negocio como el que se adelantaba a los que amanecían primero. 

Tal vez una explicación posible radique en que aquella mudanza que dejó sorpresivamente out del circuito al citado edificio 9 de Julio o al de Acción Social ubicado por calle Rivadavia frente a la Catedral y tampoco aún encuentra destino, no causó finalmente un desplazamiento del eje tan grueso.

Los que hacían trámites allí debieron mudarse unas diez cuadras, con posibilidades de transporte y caminata al alcance. A los comerciantes que anticiparon la jugada no les fue mal, igual no fue el maná que cayera del cielo o la tierra prometida que esperaban. En este caso de la ciudad judicial, la mudanza es más drástica.

Y habrá otro factor al que deberán seguir de cerca los operadores inmobiliarios. ¿Cómo funcionará la salida de mercado del principal cliente del microcentro en propiedades importantes? La justicia alquila entre 30 y 35 edificios en la zona céntrica para las dependencias que no entran en Tribunales y que también se mudarán a la ciudad judicial, lo que incluye en sus coletazos derivados que deban bajar los precios. ¿O habrá otro que se capaz de pagar 100.000 pesos por una casona céntrica, que no sea el Estado?

La cara de la moneda de los beneficios estará en Chimbas, donde se proyecta para los próximos años la obra más relevante en términos de derivación demográfica. Es eso: un eje de actividad de la ciudad que llega con todo un poder del Estado y sus actividades derivadas, estableciéndose en un sitio hoy alejado, donde había una bodega y ahora guardan las motos radiadas.

Tremenda movida que llevará varios años concretar, la intención del Ejecutivo provincial es licitar a mediados de este año y que la obra esté lista para fines de mandato, es decir sobre el 2019. Dejará como desafío el de planificar con tiempo las nuevas disposiciones de espacios, hay una gran nave que deberá ser reacondicionada completa y demandará la construcción de 4 o 5 nuevas estructuras.

Se prevé por ese motivo una estampida de todo el paraguas judicial con rumbo a Chimbas, aunque técnicamente la zona pertenece a Capital. Con lógicas consecuencias como el encarecimiento del metro cuadrado cercano. 

Los aventureros que salgan a comprar antes, los que realicen apuestas fuertes, al resultado lo tendrán a cinco años vista, sin que se pueda anticipar un éxito cantado.

También la movida demandará imaginación para la zona que se quedará sin esa perla comercial como es el edificio de Tribunales. Bajo análisis ya no uno sino dos edificios viejos y obsoletos de estilo soviético enclavados en una zona privilegiada. Gran desafío para urbanistas y gestores públicos que serán los encargados de encontrarle el agujero al mate.

Prima facie, por emplear términos jurídicos, surge que no habría que descartar ninguna alternativa. Ni la refuncionalización de esos edificios públicos para fines administrativos (más oficinas), culturales (museos), o directamente la demolición para ampliar los espacios verdes.
Habrá varios sectores a los que les apretará el zapato. Los abogados, los propietarios de las zonas en cuestión, los operadores inmobiliarios,  los comerciantes. Sin renegar de ese interés, el punto de mira no está allí sino en la pregunta de fondo. ¿Servirá semejante desplazamiento y esfuerzo para mejorar la calidad del servicio judicial que hoy apesta de malo?

Hay muchas insinuaciones para suponer que sí. Más metros cuadrados debería significar espacio para los juzgados –que es lo que hoy se viene reclamando-, proximidad entre fueros e instancias. Todo más rápido, que no es poco. El tiempo dirá.
Comentarios