Miércoles 26 de Abril 2017 en San Juan, Argentina - Edición N° 2027

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Horror en la Costa Atlántica

El caso del bebé mutilado en Miramar está a un paso de quedar en la nada

Para la Justicia, el robo de cadáveres sin fines extorsivos sólo puede ser evaluado como una contravención.

Eusebio Condorí Camino y Daysi Fernández ni siquiera se habían enterado de que a la vera de la ruta 11, entre Miramar y Mar del Sud, habían encontrado el cuerpo de un chiquito mutilado, sin órganos ni dientes, ese 21 marzo. Ellos, trabajadores de una quinta de la zona del Boquerón, en Batán, desde hacía 11 días estaban sumidos en el duelo por la muerte de su hijo Matías Valentino de sólo 2 añitos, al que habían buscado por una década y murió ahogado por una "bombucha" mientras jugaba con su hermana de 12 y un primito. Una semana después del hallar de lo que quedaba del cadáver y con el ADN positivo en sus manos, fue la fiscal Ana María Caro la que se presentó en la casa familiar para comunicarles lo sucedido. Desde entonces, dos preguntas atormentan el alma y el corazón de estos padres: "¿Por qué?". "¿Para qué?".

"Recién estábamos cayendo de su muerte y cuando vino la fiscal, no lo podíamos creer: si lo habíamos enterrado. No se puede ni explicar lo que sentimos el día de la exhumación. Estamos muy mal”, le dice Eusebio a Clarín, con una voz pausada y una congoja que lo deja en silencio. Daysi desde las entrañas, sufre: "No se puede tratar así a una criatura, no deben tener hijos y no sé si llamar persona a esa clase de gente, los animales son mejores que ellos”.

Ambos no sólo enterraron a su hijo, luego vieron cómo sacaban un cajón vació de su tumba y después lo entregaron para que cremaran sus restos. Lo peor, a un mes del macabro hallazgo, la causa está a punto de quedar en la nada. Tanto la titular de la Unidad Fiscal Descentralizada de Miramar, Ana María Caro, como Marcela González, una de las abogadas de la familia de Matías, le explicaron a este diario que el robo de cadáveres sin fines extorsivos no está tipificado como un delito por el Código Penal bonaerense y pasará a la Justicia de Paz para ser evaluado como una contravención. ¿La pena? Según el Decreto-Ley 8031/73 del Código Contravencional, hasta 90 días de arresto y una multa igual a la mitad del salario de un policía de rango de comando por profanar una tumba y mutilar un cuerpo. O sea, $9.010,52.

"Estoy convencida de que los que lo hicieron sabían que no tenía castigo penal. Ahora no sabemos si fue un mensaje para alguien o si pudieron usarlo para un ritual. Hay dos cosas para tener en cuenta: el cuerpo se encontró porque alguien quería que así fuera y no es lo mismo el cadáver de un angelito que el de un adulto”, argumenta la representante legal de la familia.

De 38 años y nacionalidad boliviana al igual que su mujer, Eusebio llegó a la Argentina a fines de los '90 y se instaló en Mar del Plata para trabajar en quintas. Así conoció a Daysi y desde 2003 están juntos. Ahora ambos "sobreviven" en la casa que les da el patrón dentro del establecimiento donde cultivan. Es Silvana Belén (12), la otra hija de la pareja, quien los mantiene en pie.
 
"Vivimos de nuestro trabajo, somos gente humilde y no le hacemos mal a nadie. Si tuviera enfrente a los que lastimaron el cuerpo de mi hijo no les diría nada, sólo les preguntaría por qué y para qué”, asegura el papá de Matías.

El desconsuelo de Daysi desgarra. En el atardecer de aquel 10 de marzo, el día que murió Matías, fue ella quien vio venir a su cuñada con el nene en brazos, no podía respirar, estaba casi azul; fue ella quien lo cargó hasta la salita de Batán a la que los llevó un amigo con su coche, la que se subió a la ambulancia cuando lo derivaron al hospital Materno Infantil en Mar del Plata y la que escuchó de los médicos: ‘Mami, tu bebé llegó fallecido’. "La muerte de mi hijo fue horrible, lo peor que me pasó en la vida. Pero lo otro fue aún peor, estábamos tratando de superarlo por nuestra hija y nos remataron. Me duele lo que le hicieron, me destrozaron”, se sincera la mujer que ocho días después del sepelio visitó la tumba y vio todo igual.

Según la investigación de la fiscal Caro, el cuerpo fue desenterrado la misma noche del 11 marzo que lo sepultaron en el cementerio de Otamendi: abrieron el féretro, retiraron sus restos, lo cerraron y lo volvieron a poner en la tierra. Dentro del cajón quedó una media, la cinta del chaleco con el que Daysi había elegido vestirlo y la camiseta del Barcelona que solía usar. Los profanadores lo mantuvieron por siete días en una heladera. Después, le cortaron las manos, los pies y los genitales, le sacaron los órganos, le arrancaron los dientes y tiraron lo que quedaba a la vera de la ruta 11, entre Miramar y Mar del Sud.

El dueño de la funeraria y el encargado del cementerio -hoy libres- siguen investigados por "encubrimiento” y "falso testimonio”, respectivamente. El primero se encamina hacia el sobreseimiento. En cambio, el sepulturero sigue complicado: fue el único que trabajó en el lugar la semana que robaron el cuerpo y dijo que era el pozo que él había cavado. Y hasta ahí llega la causa penalmente. Más allá de eso, a Daysi la tortura que nadie haya visto o sepa nada. Grita Justicia y pide por favor que, aunque sea anónimamente, alguien aporte un dato para que no quede impune: "Por qué justamente a mi hijo le hicieron cosas tan horribles. ¿Para qué? Ya no puedo dormir, no puedo descansar, pienso todo el tiempo y nada será como antes. No sé si me daría paz saber, no creo que volvamos a tener paz, pero lo necesito como necesito que paguen por lo que le hicieron”.
 
(Fuente: Clarín)
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